Y es en ese momento donde el corazón se sale por los poros, donde cualquier reflejo de nuestro ser nos encuentra esbozando felicidad, cuando nos vemos reflejados en una mirada, un sentir, un compartir. Son esas manos que se entrelazan concretando físicamente una conexión espiritual diferente, nunca vivida de tal manera, es la convicción de que lo puro, lo que fluye, que se deja ser, es el camino a seguir. El aprendizaje día a día, el poder disfrutar y creer en lo que se esta transitando.
Dar cuenta que por fin sucede, el predominio de la esperanza y la convicción del encuentro por sobre miedos pasados que han servido como aprendizaje.
Toda la preparación anterior para lo mejor que está por venir deja de ser un supuesto, sencillamente se sucede, pasa.
El por fin animarse, dar el paso, tener la sensación de que algo nuevo y maravilloso es nuestro desde hace mucho tiempo, risas, sonrisas, miradas, mariposas en la panza, en el corazón y en el alma.
Plenitud de cuerpo, alma y corazón, un equilibrio, un animarse, un salto al vació, renovación, un camino compartido y la sonrisa como marca registrada.
Los aprendizajes transcurridos en todo tiempo pasado son puestos en juego en el momento en que la vida te muestra que las cosas pueden ser diferentes y que todo no estaba tan perdido como pensábamos.
Feliz Vida!
Creo que si le preguntamos a cualquier persona si le gustaría vivir cosas lindas y momentos maravillosos, o si desea lograr una estabilidad de alma y cuerpo en su vida, sin duda alguna la respuesta va a ser afirmativa.
El problema creo que no esta en el deseo, sino en la aceptación del momento pleno y su disfrute.
Parece mentira, pero parece más fácil sostenerse de lo que daña, que sostenerse de lo que hace feliz, ¿Por qué no somos merecedores de vivir un momento de estabilidad y cosas bonitas en nuestras vidas?, ¿De dónde surge esa necesidad del ser humano de estar mirando continuamente donde esta el problema? ¿Por que magnificamos cuestiones de resolución simple? No es el apocalipsis que no quede Frutilla al agua, podemos pedir Frutilla a la crema o ir a la heladería de enfrente.
Si vivimos un instante de plenitud, a vivirlo, a erradicar culpas, ¿Por qué es más fácil pensar que en cualquier momento se termina, en lugar de creer que es el principio de lo maravilloso?.
Así como a veces aceptamos que el o ella se fue, o asumimos la pérdida física de un ser querido, también deberíamos poder incorporar en nuestras vidas el nuevo escenario positivo que se nos presenta en lugar de estar poniéndonos los guantes para atajar un penal que todavía no ha sido cobrado.
No sólo hay que aceptar lo malo en nuestras vidas, esto dentro de toda la dificultad que presenta termina sucediendo, más complicado es aceptar que estamos bien y tenemos miles de cosas maravillosas por las que levantarnos y sonreír día a día.
No esperen respuestas mágicas a estos cuestionamientos, sólo se trata de vivir, esa es la historia, nosotros elegimos como escribirla, si a base de golpes, aprendizajes y sufrimiento o en función de lo lindo que transitamos día a día.
Los colores están en nuestro cielo, sólo hay que saber mirarlos, seguiría escribiendo al respecto, pero estoy yendo a ver el arco iris que acaba de asomar por mi ventana, permiso.
Feliz Vida!