Curiosos son los mecanismos que se activan cuando escuchamos una canción, vemos una película, olemos una flor, nos despertamos, o simplemente vivimos, tenemos esa manía no azarosa de traer constantemente a nuestras mentes a alguien que quizá siquiera recuerde que respiramos.
Curiosa también es la escisión entre mente y corazón, cayendo en una especie de masoquismo inconsciente a sabiendas del daño producido por este tipo de acciones y referencias constantes sobre la persona que no está físicamente, pero plenamente su significado (en el sentido semiológico) se hace mas manifiesto que nunca.
¿Qué hacer ante estas situaciones? Aconsejo suspirar, suspirar profundamente y seguir caminando, no resignarse en lo absoluto, si dar cuenta de la realidad y de a poco despegar, es el tiempo quien todo lo cura, la aceptación paulatina de situaciones la que ayuda, no son procesos mágicos, es vivir la vida, vivirla intensamente, a no arrepentirse, a saber que se hizo lo posible y lo inesperado, pero también a saber que la presencia de la ausencia es un peso que nos acompañará temporalmente.
Se puede sonreir un momento por lo que fue o pudo haber sido, pero no estacionen sus motos en ese sitio puesto que es inconducente, quedarse un instante puede ser, pero el precio del parquímetro del recuerdo masoquista me atrevería a decir que está en libras esterlinas y nuestro corazón cobra en patacones.
Si realmente está del otro lado y le sucede algo similar, es cuestión de tiempo para que reestructurada vuelva a ser parte de nuestras vidas, caso contrario, si del otro lado solo hay ecos de un vacio, no les quepa ninguna duda que es lo mejor, que peor que concretar algo que pensamos tan hermoso y saber que del otro lado hay la nada misma.
Es preferible saber que no sucede nada de la vereda de enfrente, que vayamos a la puerta de la panadería siendo Lunes y encontrarnos con la persiana definitivamente baja, sin ventanas ni respiraderos, por que es eso lo que nos va a permitir despegar, ahora si hay una ventana, si nos dejan un recoveco libre, se hace difícil soltar, ¿quién quiere o puede soltar teniendo esperanzas?.
Creo que es una ilusión común a todos que un día esa persona se levante y se de cuenta que quiere compartir nuestro camino, podemos ser ilusos por unos instantes, pero es como el reloj de arena que de a poco se agota.
Feliz Vida!
"quien quiere o puede soltar teniendo esperanzas"? gran verdad pocas son las personas capaces de reconocer que no saben lo que quieren y en su camino a descubrirlo dejan a los demas ser feliz... muy bellas palabaras como siempre =)
ResponderEliminarMuchas Gracias por Comentar. Me alegra mucho que te haya gustado.
ResponderEliminarMe gustó mucho este relato, me sentí muy identificada con lo que describís. Muchas veces me encontré "del otro lado", esperando, justamente esperando porque tenía esperanzas.
ResponderEliminarCreo que a veces son experiencias muy dolorosas, aquellas en las que nos damos cuenta que nos hemos entregado, hemos puesto mucho de nosotros, hemos confiado, en un proyecto, en una persona. Habiéndonos guiado por palabras llenas de contenido, pero carentes de hechos, que sólo alimentaban un perverso círculo vicioso de espera y decepción.
Habiéndolo pensado y reflexionado bastante, llegué a la conclusión de que no está mal no sentir cosas por alguien, ni tampoco podemos enojarnos porque alguien no sienta cosas por nosotros. Lo que me cuesta entender es por qué la otra persona no puede ser sincera o franca con nosotros. Simplemente eso, creo que es una muestra de gratitud y de no egoísmo hacia el otro. Para que pueda mirar otros horizontes o no. De todas formas, me quedo un poco con tu mensaje, la presencia de la ausencia nos muestra una punta de como es esa persona, con la cual nosotros pensamos en compartir un sueño. Nos muestra entonces que no sería la realidad tan maravillosa como ideamos.
Ni mas ni menos Caro, muy precisas tus palabras y tu reflexión. Es un gesto de nobleza y respeto hacia el otro la franqueza, lástima que no sea moneda tan corriente por nuestros días. Gracias por Comentar.
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