sábado, 24 de marzo de 2012

Sobre la Abstracción de Tiempo y Espacio

Como todos sabemos y vivimos día a día, la magnitud física para medir el tiempo en nuestras vidas es el segundo. Claro que luego existen los minutos, las horas y las diferentes unidades consecuentes de agrupaciones anteriores.
A su vez compartimos diferentes espacios y locaciones en las cuales desarrollamos nuestras actividades cotidianas.
Tanto el espacio como el tiempo condicionan de cierta manera nuestras acciones de manera tal que desarrollamos comportamientos afines a la hora y el lugar donde nos encontremos, claramente no vamos a ponernos a bailar en la sala de espera del odontólogo.
Sin embargo, a pesar de esto, hay momentos en los que uno se abstrae y es transportado a una suerte de dimensión paralela en la cual ni el tiempo ni el espacio transcurren tal como los conocemos.
¿Existe acaso acontecimiento más mágico que perderse en la mirada del otro? Es ese momento donde las palabras sobran y entramos en una especie de viaje interdimensional y esbozamos una sonrisa de pavotes.
Todos alguna vez tuvimos alguien dueño/a de nuestros pensamientos que logran llevarnos a ese estado de tontera en donde nos perdemos, no existe la razón, no existe el tiempo, sólo existe su ser, su luz y su energía.
Maravilloso el poder de encontrar quien nos logre abstraer de la tediosa rutina, en presencia, física o a modo de significado (en términos semiólogicos), y nos lleve a ese lugar, ese momento o esa mirada que queda grabada y tanto nos llena el alma.
Más maravilloso aún cuando hay una correspondencia y surge ese in crescendo infinito sin límites en el que volamos sin alas ni avión, no hay pasaporte que valga, ni valijas que llevar, sencillamente somos felices imaginando que del otro lado hay alguien, no cualquiera, alguien especial, alguien que nos hace felices, alguien que quizá en ese momento se encuentre igual que nosotros, en otro lugar, quizás muy lejos físicamente, pero el encuentro se produce en esa dimensión paralela que dibujamos y esgrimimos sin límite alguno.
Benditos aquellos que transiten este estadio maravilloso, me gustaría explicarles más al respecto, pero mi vuelo está por partir y yo no pasé por aduana.


Feliz Vida!

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